Reseñas del libro “Aurora y Sus Viajes Intergalácticos”

Sea o no que aurora inventó un sentimiento hacia el Príncipe Siul, ella, lo recordará como una realización de su deseo, en el juego del amor perfecto, lugar del uno y del otro en esa correspondencia casi imposible en la denominada vida real, el artificio con el que la autora introduce este mito humano se presta para llevar a todos a ese bello misterio donde cada uno tenga la ilusión de encontrar y tocar más allá de las apariencias el descubrimiento de esos mundos de pieles y emociones. Correspondencia donde se une el espacio y el tiempo sin fisuras. Lugar donde la vida mortal no se va pique.

Quizás lo que se aproxima a esta historia anunciándose es el Aleph, ese todo pleno de la ilusión. “Cambiará el universo pero no yo” dice el Gran Borges en su cuento del Aleph ante la nostalgia de su Beatriz, donde comprende a través de Daneri, que “el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable”. A lo mejor desde un “Aleph: que es uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”. Donde la cacofonía del caos desaparece frente al hallazgo del habla que evoca eso mío: el diálogo con el propio pensamiento sin exclusión alguna del otro.

Aurora y sus viajes

Aurora va mirando por la noche la oscuridad, “caminado por los senderos de las estrellas en busca de nuevas historias, en busca de que le hable el silencio o el príncipe de sus sueños que estaba presente desde siempre porque ella “lo presentía”, lo esperaba, lo quería volver a encontrar aunque eso parecía aparentemente totalmente lejano. Así, “llenaba sus horas de soledad escribiendo relatos que brotaban como nardos de su frondosa imaginación”.

En el cuento de Borges este misterio estaba situado “en el sótano del comedor” descubierto por la mirada de la infancia, “antes de la edad escolar,… alguien dijo que había un mundo en el sótano…que es inajenable…vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra y en la tierra otra vez el Aleph… el inconcebible universo”. Dejémoslo en suspenso a este hombre formidable, dejémoslo con su mundo de mapas de espejos y laberintos de miradas dirigidas a un punto ciego donde sus ojos penetran la luz oculta en el orificio de su boca.

Regreso adónde he dejado por un momento a mi amiga, en ese interludio del despertar o no querer despertar. Estoy convencida que tiene que salir de la espera del retorno. Tiene que avanzar, veamos.

No hay repetición posible. Quizás solo contar esta hermosa historia, relatar con detalles y deleites y hasta con nostalgia esto que fue y es. ¿A quién?. A todos un nosotros, que incluye un tú, esto es, a todos aquellos que sientan el llamado de aquello, de ese momento que se anhela algún día se cumpla.

Es así, que todos como lectores podríamos entonces, leer, una y otra vez la aurora de nuestra protagonista del cuento. Hacerla vivir el encuentro cuantas veces sea leído. Sólo ese encuentro está permitido, en esa mirada, en esa lectura, todos nos hacemos cómplices del misterio, del secreto. Es una forma de salir de la orfandad del todo, es la única forma de compartir nuestro no todo, que no está dicho ni vivido, además no todo es dicha. No toda vía acerca. La espera es todavía.

No todo eres tú:

Aurora del sueño y de la realidad, poseyendo el sueño que nadie puede quitarte: el incompleto amor, que se vuelve totalizante cuando la duda no cabe en la palabra que convoca y converge en dos miradas vueltas una.

¿Cuándo se sabe esto?. A lo mejor para la mayoría nunca, a lo mejor sólo suceden pistas falsas, a lo mejor es un saber que sorprende, a lo mejor se anuncia y no lo sabemos deletrear. A lo mejor, quizás, quién sabe.

El otro existe –porque carezco- porque se lo libera del sometimiento y de la espera.

El tiempo no coincide entre dos, sólo reside como una metáfora sin ataduras, sin mordazas al cuerpo del otro. Acaso la felicidad sea eso, que se presta sólo para jugar con la inmensidad de la alegría dentro y fuera del espejo.

En algún momento la “tristeza mortal” de Aurora era infinita. Estaba despoblada de intimidad, se sabía sola y se sentía sola en su propia imaginación. Su príncipe que le prometió volver desapareció tal cual como llegó. Le hizo conocer el vacío que no comprendía en sus relatos. No sabía cómo salir de aquello, tampoco quería, pensaba que su perfecta mitad era parte del otro, se sentía sin palabras y sin ánimos. Sólo quería el colmo de la dicha: la fascinación eterna, una vez más sucesiva de lo mismo. La espera era larga, el tiempo humano la torturaba, todo le parecía una caída de finitos trizados en melancolía y aislamiento. La desesperación la encerró en el silencio.

“Se negaba a ver a sus amigos, no quería hablar ni con Milsy, la estrella luminosa, con la que recorría el mundo, ni con Kixt, su amigo intergaláctico de otra especie que fue el intermediario entre ella y el príncipe para la cita inigualable, donde él le contó que estaba interesado en una chica que el creía que era princesa con la cual quería verse. Le anunció la nueva sin muchos preámbulos, le contó que su amigo Siul no dejaba de pensarla, desde ese momento que se cruzó en su camino. Que la estaba buscando por todas partes, “que en su mirada vio reflejada la bondad de un alma buena. Esa intensidad en la mirada, más que la imagen era lo que nunca olvidaría. Quedó seguro de haberla visto antes, tal vez en sueños…”

¿Qué la deslumbró de ese encuentro con el príncipe? Tal vez, el sentirse indefensa y a la vez dueña de los hechos y de la situación sólo para ella. O a lo mejor sentirse fuera del temor humano en ese momento destinado para ser. Momento incomparable, ningún otro, estuvieron como que se conocían desde siempre.

Él sentía el mismo temor que ella: “conocerse”.

¿ Acaso lo eterno gira en ese verbo?. Además para llegar a ese algo inquietante del conocimiento hay que caminar como ir al otro lado del arco iris antes de que se desvanezca. El riesgo del por venir acampa como presagio de principio a fin.

Aurora dice de su príncipe “es el más soñado de mi vida”. Para ella en ese mismo instante que cruzó él en el camino que ella iba con su amiga Misly fue definitivo. Le bastó saber que era él, “sabía de su existencia desde siempre porque lo presentía. Estaba presente en sus sueños… sabía que era su alma gemela”. El príncipe en cambio, “aunque siempre fue muy controlado por las emociones, sentía ansiedad de saber cómo era realmente ella”. Pareciera como que siempre hay un resto inalcanzable que no se sacia con nada: lo otro que no está en mí.

En el camino la jovencilla cuando va para el encuentro añorado con su alma gemela, se topa con una latita toda oxidada, que con una voz débil le pide ayuda. A la misma que le pone el nombre de Morena y siente simpatía. Quién creyera que este personaje de lata será la clave para el desenlace de esta historia, además, Morena vive sus propias peripecias, nos involucrará en sus aprendizajes, enseñanzas, no sólo eso, ha vivido y conocido el tiempo intergaláctico y el tiempo del planeta tierra, y algo esencial, posee un secreto que Aurora no sabe y del que yo también callo. Lo que sí puedo decir de esta otra voz importante en la narración es que la medida del tiempo en sus palabras es el puente que media entre todos: lector, autor y personajes.

Aurora huérfana, llena de sueños, “llenaba sus horas de soledad escribiendo relatos que brotaban de su imaginación”. Vivía en una casona con su tutora y amiga Ángela y Jandro, el jardinero. Se perdía en la noche, se escapaba sin pensarlo solo cerrando los ojos, el infinito la invitaba su mundo de estrellas desconocidas, salía con su mente en busca de nuevas historias. Descubrió otras maravillas y seres extraños y hermosos en su interior.

Ella en su “vida rutinaria se sentía aburrida y extraña”. En sus reflexiones pensaba y consideraba que necesitaba quién creyera en ella, por eso soñaba con encontrar a su príncipe de otra galaxia “que un día vendría a buscarla”…

Ya el mismo Borges al final de su Aleph, se pregunta si acaso existió aquello que vió, dice “¿lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz”

A la joven de nuestro cuento no le interesa el olvido, le interesa lo eterno, no tiene tiempo para pensar en las ruinas mortales. Solo quiere prolongar el gozo de saberse inmortal en el tiempo sin esclavitud para encontrar la razón que causa el deseo de vivir en sí mismo y en la espera que a lo mejor nunca se llega en ese ir constante. Pero, ¿A quién le importa acortar la vida o el camino en el encuentro con lo amado?. O tal vez sí, pero el riesgo sería acabarlo todo sin ubicarlo en la memoria. La impronta angustia, la calma viene. Que venga, porque a lo mejor, en este asunto la prisa no es aconsejable, sino miremos alrededor su resultado. Pero hagamos un pare a esta idea última porque o si no sería salirnos de las páginas de las señales de la fe y quedarnos en las faltas solamente de lo que pudo haber sido y…

En fin, quieres continuar tu lector, crítico y soñador, creador de otras lecturas y posibilidades, sacar tus propias impresiones y hablarnos de este encuentro de la terrícola

con el extraterrestre o el Príncipe de otra Galaxia. Como tu quieras puedes empezar a curiosear el libro de María Juliana Villafañe, así se llama la autora. Te puedes imaginar

otras escenas, incorpóralas a tu propio escenario mental. Sólo te recomiendo que leas primero el cuento de “Aurora y sus viajes intergalácticos”, verás y sentirás la magia de la vida en la escritura y en tus propias ideas. Lo importante es lo que tú creas y quieras decir e inventar o suponer y superponer.

Y no olvides que “para vivir es necesario conservar la naturaleza” e igual para vivir hay que aprender amar de a poquito a poco para que sea imperecedero. ¿De dónde me lo apropio y

lo recreo? Averígualo dentro de ti y descubre tu propia aurora. Y si no consúltaselo a nuestra amiga común, la bella Aurora, que te espera pacientemente.

Carmen Váscones – escritora del Ecuador

12/1/2004

Para los niños, lecturas inspiradoras
Ivonne Gómez
El Nuevo Herald

Aurora y sus viajes intergalácticos es una historia juvenil escrita por Juliana Villafañe, poeta y autora de música popular.Villafañe cuenta la historia de una jovencita que en la soledad de su orfandad encuentra una amiga, Milsy, una estrella juguetona que la lleva a conocer el universo intergaláctico mientras dialogan de otros mundos.En uno de esos viajes, Aurora encuentra a Siúl, su príncipe azul, que le enseñará lo que es la espera del amor.El libro es una publicación de Planeta Junior, con ilustraciones de Ana Wendy Guillén Lázzaro.http://www.miami.com/mld/elnuevo/living/people/family/8415415.htm  

 

“Aurora y sus viajes Intergalácticos” en ICPNA de Miraflores(RPP Internet) La asociación Mammalia Comunicación & Cultura y el Grupo Planeta, realizarán El jueves 8 de enero, en la casona del ICPNA (Av. Angamos Oeste 120, Miraflores) a las 7 p.m., la presentación del cuento infantil “Aurora y sus viajes Intergalácticos”, de la escritora puertorriqueña María Juliana Villafañe, publicado en la ciudad de Miami por el Grupo Planeta, mediante su colección infantil Planeta Junior.Los comentarios estarán a cargo del poeta y crítico literario peruano Danilo Sánchez Lihón y de Santiago Risso, presidente de la asociación Mammalia. También intervendrá el presidente de la Casa del Poeta Peruano, José Guillermo Vargas, quien hará entrega a la autora de una medalla de honor. La obra infantil “Aurora y sus viajes Intergalácticos” viene siendo presentada en diversas ciudades de América y Europa. La historia de Aurora es una metáfora de la vida de su autora, la poeta y aeromoza puertorriqueña María Juliana Villafañe, quien luego de un accidente de aviación insurge como escritora de inobjetable talento. Este cuento ecológico es una oda simbólica al planeta Tierra, a la ecología, a los valores infantiles, y, sobre todo, a los sueños. Es muy útil para contrarrestar la soledad de la niñez esta obra asi comoen “El Principito” se busca la felicidad en el universo, que no es sino, el espacio inacabable de la lectura.

El ingreso a la presentación del libro es totalmente libre, se servirá un vino de honor. La actividad tiene además, como colofón, la celebración del 12 aniversario de Mammalia Comunicación & Cultura

http://www.rpp.com.pe/

 

Radioprogramas del Perú S.A

Comentarios sobre Aurora Y Sus Viajes Intergalácticos

Marjorie Agosin,

“Maria Juliana, una rosa para ti! Tu nuevo cuento es tan hermoso, tan sencillamente escrito, tan verdadero. Tributo a la paz, a la esperanza. Se lo leeré a mi hija de doce años, pero tiene cualidades mágicas- ojalá que sigas con lo que haces.”

Luisa Valenzuela

“Querida María Juliana ,
Por fin encuentro tu dirección de mail para contestarte y agradecerte tu precioso libro sobre Aurora y sus viajes intergalácticos. Lo leí con mucho
gusto porque más que una fábula es un camino de conocimiento esotèrico y para todas las edades. Además me parecieron preciosos los dibujos.

Adriana Manzanares

En principio para que veas que lo he leìdo con suma atenciòn, me han gustado los temas que tratas. Son varios y profundos. La ecologìa, el cuidado del
planeta y sus recursos aa travès de lads penas de Morena, me han caìdo bien, simnpàtico personaje y muy original por cierto.
Tras esa historia hay muchas otras ideas de intensidad filosòfica, o aun existencial.
Tu sabes que mi fuerte es la filosofìa. Pues bien, en ese relato tuyo para adolescentes, no para niños pequeños que lo pueden leer aceptando los
sucesos, hay una reflexiòn acerca de la existencia humana, de la vida y de los sueños, de la felicidad que no es un estado infinito del ser, de la
importancia de creer, de lo bueno que es ser agradecido. En fin, cualidades morales queç, est+an planteadas con lenguaje sencillo pero que apuntan a
facultades del alma. como decìa Weber en su etica de los valores.

Dec. 18, 2003

Andrés Candelario

escritor y profesor retirado de la Universidad de Puerto Rico

El relato de María Juliana es una flecha disparada al corazón de los niños y las niñas de América Latina, que van a ser con los niños y
niñas del resto del mundo- los protagonistas de éste milenio. Pero ese viaje tiene una trayectoria secreta dirigida también al corazón de los
adultos, sobre todo al de aquellos que de alguna manera conservan todavía, como la propia autora, su niña o niño interior intacto y a
salvo de las aberraciones de los adultos y sus extrañas maneras de buscar la felicidad aquí en la Tierra.

Victor Bravo – Crítico Literario, Profesor y Escritor Venezolano

Yo creo que éste libro es una especie de relato de aprendizaje sobre la espera, es un bello libro sobre la amistad, es un bello libro sobre la solidaridad, es un libro sobre ecología, es un libro, está bien, sobre la naturaleza y el cosmos, pero sobre todo en la realización estética, algo que descubrieron los románticos y que lo descubre cada narrador en un instante prodigioso de su narrativa y es que el cosmos y la interioridad del ser constituyen un mismo universo. Por eso me parece esta una gran obra.Raúl

Gálvez Cuéllar – Poeta, Narrador, Abogado, Profesor y Crítico
literario del Perú”

Superada la tradición del niño bueno y el malo, premio y el castigo, “Aurora y sus viajes intergalácticos” es la expresión de la nueva era a
través de la escritura iniciática y sublime. Y no es que estemos en contra por ejemplo de los clásicos ingleses, franceses o italianos, ni mucho menos, verbigracia, atentemos contra las maravillosas producciones de los Hermanos Grimm, de Perrault o de Lagerlof..sino que el mundo al girar con renovada aura, abierta al infinito, reclama la adopción de nuevos temas como los que nos entrega esta fecunda escritora que es María Juliana Villafañe”

María Juliana Villafañe en encuentro de escritores

Periódico PRIMERA HORA – Puerto Rico

EN CALIDAD de delegada de AMA (América Madre), movimiento que aspira alcanzar la paz de las Américas a través de la literatura,

la escritora puertorriqueña María Juliana Villafañe participó la semana pasada en el XII Encuentro Literario de Escritores Americanos,realizado en Córdoba, Argentina. Como parte del programa, coordinado por Irma Droz, los escritores invitados este año de Uruguay,

Chile, Perú, Venezuela y Puerto Rico, participaron de talleres en diferentes escuelas de la provincia de Córdoba, aparte de que poetas de diferentes regiones de Argentina se dieron cita para el encuentro literario. Debido a que ya había participado el año pasado, María Juliana se convirtió en eslabón para unir a las profesoras Gladys Mascarreno, del colegio San Roque de Argentina,

Annette Lebrón, de la escuela elemental de la Universidad de Puerto Rico, y Jackeline Balzac, de la escuela “Dr. Arturo MoralesCarrión”, con la finalidad de trabajar un proyecto de intercambio. Los estudiantes argentinos enviaron cartas con Villafañe a losestudiantes de Puerto Rico, dando pie a un intercambio epistolar que les permitió compartir sus inquietudes sobre diversas formas de vida de sus respectivos países. Los estudiantes de San Roque solicitaron a la escritora puertorriqueña que este año fuera lamadrina de la biblioteca áulica de tercer grado. Los escritores participantes del XII Encuentro Literario fueron invitados al colegio, donde los niños les deleitaron con el montaje de la obra “Aurora y sus viajes intergalácticos”, basada en el cuento homónimo de María Juliana. Los estudiantes tienen acercamiento con las obras de los escritores que visitan sus escuelas. Los autores, a su vez, envían sus libros a las diversas escuelas, lo que produce un interesante intercambio. Al llegar a los colegios, los escritores eran recibidos por los estudiantes, la facultad y demás autoridades de la localidad. Los alumnos iniciaban el acto con una obra artística.

En el colegio “Bernardo de Elia”, en Villa Carlos Paz, fueron deleitados por una “Danza de fuego” indígena. Una vez terminado ese acto los escritores fueron asignados, en grupos de tres, a los salones de clases para charlar con los alumnos que en el transcurso del año estudiaron sus obras. Los jóvenes estudiantes tuvieron la oportunidad de leer ante los visitantes sus propios poemas o cuentos y compartir opiniones. María Juliana Villafañe cataloga la experiencia de “enriquecedora no sólo para los estudiantes, sino para los poetas que se sintieron estimulados a seguir compartiendo con la juventud”. Otro que se convirtió en anfitrión de los escritores lo fue el locutor Juan Chávez, quien además de entrevistarlos al aire libre para su programa de radio “El paisaje de las palabras”, ofreció en su finca un típico asado argentino.

Santa Cruz de la Sierra – Bolivia, Miércoles 22, Octubre de 2003

Liliana Colanzi

María Juliana Villafañe presenta un cuento para viajar por las galaxias
Escritora. Villafañe es asistente de vuelo. Está escribiendo la continuación de Aurora y sus viajes intergalácticos
Relato. La autora puertorriqueña llegó por invitación de la editorial La HogueraAurora y sus viajes intergalácticos es un cuento infantil protagonizado por una niña amiga de las estrellas y de los seres de otras galaxias. La autora, María Juliana Villafañe, presentará la obra esta noche a las 20:00 en la Agencia Española de Cooperación Internacional
(Aeci, calle Arenales 583). La escritora se encuentra en la ciudad gracias a la invitación de la editorial La Hoguera.
La historia de María Juliana Villafañe parece un cuento con un final feliz. Esta escritora puertorriqueña se ha pasado la vida entre las nubes: es asistente de vuelo de American Airlines hace 32 años, lo que le ha permitido llegar a los países más diversos. Hace diez años, un accidente aéreo la dejó paralítica durante nueve meses, y pasó tres años de dolorosa rehabilitación antes de volver a caminar. Mientras estuvo postrada, descubrió la vocación por la escritura y con el tiempo, logró crearse un lugar en la poesía boricua y llegó a participar de varias antologías. Ahora, a sus 54 años, continúa volando con frecuencia y ha incursionado con éxito en la literatura infantil, razón que la ha traído hasta Bolivia. La semana pasada fue difícil dar con la escritora en su residencia en Miami, cosa que ella explica, contenta: “Sabe Dios en qué parte de la galaxia andaba yo. Me distraje porque me casé”.
La autora se confesó preocupada por la falta de responsabilidad de algunos libros y programas televisivos que incitan a los niños a la violencia. “Los niños están viendo tanta cosa relacionada con guerras y tiroteos”, lamenta.
Por su parte, Villafañe intenta transmitir principios como la compasión, la amistad y la lealtad, que se ven reflejados en la relación de Aurora, una niña huérfana, con la estrella Milsy, el jefe intergaláctico Kixt y Morena, una latita abandonada y lastimada.

El secreto de este cuento es que despierta constantemente la curiosidad del pequeño lector. En la presentación que se realizó hace tres semanas en Puerto Rico, una niña preguntó: “¿Qué es lo que tiene este cuento, que lo empiezas a leer y no lo puedes soltar?”

La Hoguera ha organizado a las 20:00 la presentación de Aurora y sus viajes intergalácticos, un acto “de estrellitas, fuegos artificiales y geométricos planetas” en el que se invitará refrescos y dulces a todos los niños y adultos que asistan. Además, el grupo de teatro Tiquiminiqui representará la historia de Aurora en base a un guión escrito por Giovanna Rivero. El libro se venderá a Bs 23.

La secuela es Malabarina

La visita de María Juliana Villafañe a Santa Cruz se debe a las gestiones de la escritora cruceña Giovanna Rivero, amiga de Villafañe, y al interés de La Hoguera por realizar un intercambio de autores con la editorial Planeta. Aunque no hay nada oficial, Edgar Lora, ejecutivo de La Hoguera, comentó que la llegada de Villafañe podría tratarse de un primer acercamiento en ese sentido.

Aurora y sus viajes intergalácticos es la primera incursión de María Juliana Villafañe en la literatura infantil. La escritora ha publicado con anterioridad los poemarios Entre Dimensiones y Dimensiones en el amor. Aunque sólo lleva un mes y medio en el mercado, el libro ha sido difundido en Puerto Rico, Uruguay, Argentina, México, Venezuela y Perú. La versión en inglés ya está impresa y se espera su comercialización. La autora ha iniciado la secuela, que se llamará Malabarina, y está escribiendo una novela para adultos.

Periódico El Nuevo Dia – Puerto Rico – Seccion CULTURA22 de octubre de 2003
Cuento infantil de Puerto Rico a Bolivia
Narradora . El lanzamiento de Juliana Villafañe será hoy a las 20.00 en la AECI, con teatro incluido. Giovanna Rivero adaptó la historia
que será representada por el grupo Tiquiminiqui.

María Juliana Villafañe presenta hoy el cuento infanto juvenil “Aurora y sus viajes intergalácticos”. La autora puertorriqueña fue
invitada a venir a Bolivia por La Hoguera. Juliana habla de su obra y experiencias.

“Aurora y sus viajes intergalácticos” es una historia a propósito del amor que se espera?

Es un encuentro de amor entre un ser de otra galaxia y una chica de la Tierra que se van de viaje en un estrellita para buscar noticias en otros planetas. Surge el personaje de una lata en la montaña que pide ayuda, que la lleven al hospital de latas para cambiarle de color y de sabor. Es la espera en el amor y el desencuentro que tiene la niña con el príncipe de las otras galaxias.

¿Por qué plantea este tema a los niños y jóvenes?

Porque en la mayor parte de los temas que ellos ven hay mucha violencia. Yo pienso que se le puede dar a los jóvenes algo que le
despierte su propio mundo interior. Casi todos tenemos un amiguito imaginario cuando somos niños o los niños tienen conversaciones con los
ángeles de la guarda o con Dios.

Usted es autora de música popular. ¿A qué le canta?

Escribo para un jazzista, John Lucien en Estados Unidos. No compongo constantemente porque al escribir letras nada más estoy limitada
de tener la música de alguien. Jon Lucien siempre ha dicho que yo escribo las letras como si el la hubiera pensado.

¿Qué coincide en su labor literaria y musical?

En toda canción hay mucha mutación de la poesía. El romanticismo nace cuando leemos poetas como Neruda, Becker, que fueron los que me influenciaron desde chiquilla.

En su libro cita a El Principito, ¿Cómo fue su encuentro con esa obra y su autor?

Antoine de Saint-Exùpery es uno de los autores que tocó mi vida a un nivel especial, espiritual. Hubo un cambio en mí cuando lo leí y sigo leyéndolo. Definitivamente tengo influencia de sus obras porque me encanta la forma de vida que da en sus mensajes. Mensajes en los que uno
captaba más rápido. Eso fue lo que me indujo a escribir.

¿Cómo se dio este intercambio cultural por el que viene?

Giovanna Rivero y Blanca Elena Paz estuvieron en la Feria del libros de Miami y tuve el privilegio de escucharlas. Me dijeron “vamos a escuchar a escritoras bolivianas porque tienen poco acceso de salir de su país”… y me quedé maravillada por las obras que presentaron, por lo magnífico de sus expresiones. Tuvimos una amistad por correo electrónico y cuando salió ahora mi obra ellas me dijeron que venga a presentarlo en Bolivia. Acepté.

 

martes, enero 22, 2008

Revista Boreales

Con la autora María Juliana Villafañe

PhotobucketLa amiga y escritora María Juliana Villafañe es la autora de un libro de literatura infantil-juvenil maravilloso titulado ‘Aurora y Sus Viajes Intergalácticos’. Me enamoré del texto de entrada por el título. Llevaba el nombre de mi hija. Se lo arrebaté a la vendedora de Editorial Planeta en la Feria de Libro de Miami en el 2006. Luego, cosas de la vida y sus vueltas, un mes más tarde, conocí a Maria Juliana en una tertulia literaria en Condado. Nos presentó Mayrim Cruz Bernall. De inmediato nos hicimos muy amigas, admirada yo por sus planteamientos y su maravilloso don de gente. Antes que terminara la actividad le pregunté qué textos había escrito. Entonces por poco me sobreviene el desmayo al descubrir que era ella, precisamente y no otra, la autora de ‘Aurora y Sus Viajes Intergalácticos’. Firmó el libro y se lo dedicó a la luz de mis ojos.En estos días volvimos a coincidir. Ella no vive en la Isla, pero en cada visita dice Hi! Así que aquí les incluyo una foto nuestra y un fragmento del libro.

Aurora y sus viajes intergalácticos (fragmento)
Por María Juliana Villafañe

Ella vivía en aquella casona que le parecía una nube blanca. No sabía si había
sido construida con cimientos de paja, arena o trigo. Desde que muñeron sus
padres, la hermosa muchacha que vivía sin familia cerca de la Laguna Negra, se
sentía flotando en una nebulosa de sueños. Le faltaban sus padres, sí, pero
llenaba sus horas de soledad escribiendo los relatos que brotaban como nardos de
su frondosa imaginación. Ángela, su tutora y amiga, y Jandro, el jardinero, la
observaban por las noches mirando la oscuridad, caminando por los senderos de
las estrellas en busca de nuevas historias.
Había una estrella muy especial, un lucero brillante a quien Aurora llamaba
Milsy. A menudo, guiñaba los ojos cuando la veía en las noches, acostada boca
arriba en la grama del gran jardín, mirando hacia el lejano cielo. Y Milsy sabía
que cuando Aurora hacía esto era porque estaba triste. Entonces la traviesa
estrellita la invitaba a recorrer el mundo de otras galaxias y Aurora sin
pensarlo, se iba a acompañarla. Le parecía tan graciosa su amiga estrella, sólo
tenía que cerrar los ojos y Milsy se le acercaba juguetona cubriéndola de una
luz brillante, diciéndole al oído:
“Vamos, date prisa, vámonos antes que nos descubran”.
Y así, poco a poco, en sus escapadas con Milsy Aurora fue descubriendo otros
mundos, otros seres que aunque diferentes, la llenaban de felicidad.
Eran seres extraños, no eran iguales físicamente pero eran tiernos, y como ella,
eran hermosos en su interior y le enseñaban de sí mismos y de las maravillas del
universo.
Con ellos Aurora aprendió que más allá de su planeta Tierra, entre las nubes y
las estrellas, no importaban las apariencias, había algo más importante que
confirmar las cosas en un laboratorio, que no todo se explica científicamente. Y
quería seguir volando, volando, volar en las noches claras y visitar la luna y
mirar cara a cara, de frente y sin temores a la Estrella Madre que la guiaba.
Por eso cada vez que regresaba a su vida rutinaria se sentía aburrida y extraña.
Ángela y Jandro dudaban de su cordura. Una noche cuando el jardinero la encontró
soñando despierta y ella quiso contarle de sus viajes, él, escandalizado,
replicó:
‘Niña, primero debo decirle que sólo existe una galaxia. ¡Eso todo el mundo lo
sabe! Déjese de inventar tantas tonterías porque si no van a pensar que usted
está loca. Y segundo, mejor hable con las plantas para que se pongan hermosas y
olvídese de esa locura”.
Ella, alejándose triste gritaba “qalaxias, galaxias, galaxias” y pensaba, qué
diría él si supiera que no sólo existe más de una galaxia, sino también más de
un universo.
“¡Oué tontos!” se decía a sí misma, si tan sólo supieran de las maravillas de
otros mundos, de lo buenos y divertidos que eran sus amigos, pensaba un poco
frustrada.
Aurora necesitaba quien creyera en ella, no todo es ver para creer como pensaban
los seres de su planeta Tierra. Por eso soñaba con encontrar a su Príncipe de
Otra Galaxia que un día vendría a buscarla… y así dejaba correr su imaginación
y se pasaba las horas leyendo libros en la biblioteca de la casona.
Una noche mientras paseaba por los cielos tomada de la mano de su amiguita
Milsy, Aurora le propuso ir a pasear por esos otros mundos y llegar, quizás a un
planeta desconocido. Y Milsy, que era igual de traviesa y juguetona se la llevó
por otros rumbos. En el camino se cruzaron con un astro fugaz, era el Príncipe
de Otra Galaxia. Fue sólo una fracción de segundo, pero le bastó a Aurora para
saber que era él, sabía de su existencia desde siempre porque lo presentía.
Estaba presente en sus sueños. Imaginaba que tal vez, en la distancia a través
del tiempo, lo volvería a encontrar. Sabía que era su alma gemela. Así pasaba el
tiempo y ella soñaba, soñaba y esperaba. Un buen día su amigo Kixt, jefe
intergaláctico de otra especie, la despertó de madrugada.
Su corazón comenzó a latir con una fuerza desconocida. Cada vez que la llamaba
le daba una cosquilla en el corazón, como si le pasaran suavemente algodón en la
piel. Era una señal y entonces ella le daba entrada a su amigo para hablar. A
veces tenía tanto sueño que rehusaba despertar. Kixt insistía si era importante
lo que debía comunicarle y seguía haciéndole cosquillas. Ese día le dijo
“Perdona que te despierte pero tú sabes que es la hora más segura para que nos
comuniquemos. Ayer me encontré con un amigo de otro Planeta y me pidió un favor
No podía creer lo que me contó.”
Aurora se sentó cerca de su ventana mirando hacia el cielo y sintiendo con
claridad lo que le transmitía Kixt. Le contó que su amigo era el “Príncipe de
otra Galaxia” que ella tanto esperaba y del cual le había hablado. El le había
preguntado sí conocía a una chica que vio un día desde lejos y que iba
acompañada de una estrellita muy juguetona. Sólo fue un instante pero su imagen
quedó grabada en su mente. Desde ese momento no dejó de pensar en ella. La
estaba buscando por todas partes. En su mirada vio relejada la bondad de un alma
buena. Esa intensidad en la mirada, más que la imagen, era lo que nunca
olvidaría, Quedó seguro de haberla visto antes, tal vez en sus sueños, Ello le
llenó de una fuerza muy grande que lo impulsó a buscarla. Como sabía que Kixt
era un amigo muy andariego, que le encantaba andar con toda clase de seres de
diferentes planetas, le preguntó si la conocía. Kixt, por su parte, pensó que
era la misma historia que hacía unos días le había contado su amiga Aurora.
¡Tenía que ser ella!
“¡Claro que la conozco!”, le dijo Kixt, “Es una gran chica, se llama Aurora y es
del Planeta Tierra”. El Príncipe se quedó un poco serio, además de asombrado, al
saberlo. Sabía que en el planeta Tierra los seres intergalácticos como él, casi
no existían y no eran muy queridos, que allá negaban toda existencia que no
pudieran entender. Tal vez ella sería diferente y no lo rechazaría, Al verla, él
había sentido que Aurora era una princesa. Se animó al pensar que si la vio en
un viaje astral, ella sería diferente. Además, si la emoción que sintió al
mirarla era real, ella tenía que ser especial. Fue por esto que le pidió a Kixt
que la localizara e hiciera una cita con ella para verse.
Aurora no lo podía creer. ¡Tenía que ser él! Tenía que ser el Príncipe de sus
sueños, el que sabía volar alto, tan alto que conocía de universos, de versos,
de sueños. El que de verla sabría que era ella, que le esperaba de siempre, por
eso supo al verle que ese día llegaría. Kixt le dijo que le avisaría el día y la
fecha del encuentro. Se preparó por semanas a la espera de su llegada. Comenzó a
hilvanar cuentos, algunos que esperaba que aún él no habría escuchado, y tejió
ensueños para sacarlos cuando llegara. Tenía que dejarle saber que ella no era
como todos en la tierra. Que conocía de otros mundos.
Pasó un mes y Kixt la llamó inesperadamente, de una forma que le pareció
espectacular. Se paró en pleno día arriba de la luna y le ordenó al sol que se
opacase.
Brillaba la luna, y ella al mirar hacia el cielo, vio a Kixt, parado arriba de
ella llamándola.
“Aurora, Aurora creo que te ha llegado la hora de amar”, gritaba. Ella comenzó a
reírse nerviosa al ver el atrevimiento y la locura de Kixt.
¡Imagínense llamarla frente a todos en pleno día! Luego el hecho comenzó a
preocuparla. Miraba hacia los lados para ver si los demás se daban cuenta. Kixt
le recordó que nadie más podía escucharlo. Claro, se hablaban en silencio, eso
que los de la tierra llamaban ‘telepatía”. No debía preocuparse porque de todas
formas siempre andaban tan ocupados y distraídos que no lo verían ni aunque lo
tuvieran al frente. Eso sólo lo sentían seres muy especiales. Aurora emocionada
le dijo “Pero cuéntame, que me tienes intrigada”. A lo que le respondió su amigo
“Se te está pegando la impaciencia de tu amiga la estrellita traviesa Milsy”.
”Dice el Príncipe Siui, así se llama tu amado, que el próximo domingo del
calendario de la tierra, vayas a una montaña que se llama El Yunque y ahí lo
esperes“.
Ella se preguntaba cómo sabría que era él, si le vio sólo una fracción de
segundo. Decidió preguntarle a Kixt, quien divertido le dijo:
“Se reconocerán por el brillo de sus ojos. Debes buscar el nacimiento del
manantial de la montaña, pues da el agua más cristalina. Ahí será el encuentro”.
Ella se llenaba de preocupación, le venían tantas preguntas a la mente.
“¡Y cómo sabré cuál es el manantial mas cristalino!” ‘Ah, mi amiga, eso lo
sabrás porque tu intuición te lo dejará saber. Te sentirás totalmente tranquila,
con una paz muy grande y en completa armonía con la naturaleza“.
No durmió en toda la semana esperando que llegara el día del encuentro. Una
mañana temprano, antes de que nadie despertara, se fue a la montaña en su
alfombra de blancos ropajes, su nube favorita. Se maravilló con el despertar de
las aves. Le parecía que nunca habían trinado como ese día. El sonido de un
riachuelo cerca, con su frescor, y el murmullo del viento en los árboles la
hipnotizaban. Cómo disfrutaba de ese momento en comunión con las flores
silvestres. Y pensar que lo que allí era silvestre y tan natural, para las
floristerías en la ciudad era un gran negocio. ¡Cómo las cobraban a la gente
para sus días de galas!. Pero Aurora le daba gracias a Dios por la maravilla de
la naturaleza. ¡Qué grandiosa era la vida!
Esperando el encuentro todo le parecía más armonioso, Se propuso caminar la
montaña hasta encontrar la charca más cristalina. Pensó que sería la más cercana
a la cima de la montaña y comenzó a subir por los senderos de magia.
Sentía el sonido de la lluvia en las laderas de la montaña como si estuviera
bañándola a ella. Encontró una charca solitaria y sospechó que esa sería. Pensó
que él llegaría desde lo alto “caído del cielo” como algunos de los chicos que
veía volar en “parapentes” que aparecían como llegados de la nada.
Aurora se sentó a orillas de la charca a esperar. Kixt le había dicho el día que
seria el encuentro pero no la hora. Imaginó que de nada serviría saberlo pues
para él, el tiempo no se podía medir. Kixt decía que el tiempo era como tratar
de amarrar la libertad de hacer las cosas como se deben hacer, sin trabas, según
se sienten. Decía que los terrícolas eran esclavos del tiempo, que les privaba
del espacio para volar a otros mundos. Su manera de pensar, confundía a Aurora
un poco. Pasaron unos quince minutos, tiempo del planeta tierra, que le
parecieron una eternidad. Pensaba: ¿Qué cosa era eso de lo eterno? ¿Sería como
no tener medida ni espacio? En la casona siempre se sentía sola, aún cuando
estaba acompañada. De alguna forma sabía que no era lo mismo. Aquí se escuchaba
muy de cerca el sonido de la naturaleza, el canto de las aves tan claro no la
distraía, al contrario la acompañaba en armonía. Le gustaba ver sus diferentes
ropajes de vestuarios de selva, que reflejaban luminosos destellos de alegres
colores.
Todos los habitantes de la montaña dejaban sentir su marcada presencia.
Maravillada de tanta hermosura, no se atrevía a arrancar ni una flor. Se sentía
como si fuera un pecado hacerlo. Algo que era tan natural en el jardín de su
casa, ahora le parecía una barbaridad. La vida de la flor, le parecía más
especial allí en la montaña. Le apenaba cortarle la vida. Tendría que hablar con
Jandro, el jardinero y darle instrucciones de poner flores en el interior de su
casa, si eran acompañadas de sus tallos y sus raíces. Para vivir era necesario
conservar la naturaleza.
Le daba un poco de miedo ver que las nuevas construcciones que traía el progreso
fueran hechas sin considerar que los árboles debían quedar.
En ese momento en que estaba tan distraída con sus pensamientos, algo le llamó
la atención. Era un sonido débil, como la voz de alguien. No podía definir si
era de un niño, una niña, una mujer o un hombre.
Era una voz que le decía “amiguita, amiguita, ayúdame por favor”.

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María Julia Villafañe, es poeta y autora de música popular; ha publicado el
poemario Entre Dimensiones (Editorial Isla negra, Puerto Rico, 2002) y
Dimensiones en el amor (Puerto Rico, 1992) galardonado en Nueva York con el
premio Palma Julia de Burgos. Sus cuentos han sido publicados en diversas
antologías.

En Aurora y sus viajes intergalácticos, narración juvenil, se cuenta la historia
de una joven niña, que desde su estado de orfandad se hace amiga de Milsy, una
estrella juguetona que la lleva en cotidianos paseos, a conocer el universo
intergaláctico, mientras dialogan sobre otros mundos.
También es amiga de Kixt con quien tiene conversaciones telepáticas, que se
inician con una “cosquillita de algodón de corazón”; es la manera como su amigo
toca su ventana interior para despertarla. Kixt es el intermediario con su alma
gemela, y quien le avisa del encuentro.
Justamente mientras espera a su amado de todos los tiempos, encuentra a un
personaje muy peculiar.

© 2003, Planeta Publishing Corporation

Fuentes:

www.lectivo.com.ar
www.mariajuliana.net

1 Comment

  • December 11, 2008 at 7:34 pm

    Que el libro siga ilumunando el corazón de la imaginación.
    besos
    carmen

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