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Presentación de la “Anthologie Alexandrina” en Paris 2021

Tengo el placer de informarles que la publicación de la Anthologie Alexandrina será presentada en el evento anual dedicado a la poesía, el Marché de la poésie, que tendrá lugar del 20 al 24 de octubre 2021 en la Place Saint Sulpice de París. Agradezco sobremanera a la Dra. Mona Gamal El Dine por incluirme en tan prestigiosa Antología junto a otros 101 poetas del mundo.. Enhorabuena a todos! Agradecida con la poeta Bella Clara Ventura por propiciar que publicaran los poemas de poetas latinoamericanos.

La obra estará disponible en el puesto n° 706 del editor UNICITE en los horarios de la feria, de 10h a 20h.

NERUDA: 50 AÑOS DEL PREMIO NOBEL POR JOSÉ LUIS DÍAZ – GRANADOS

Les comparto este escrito que me envía el escritor colombiano José Luis Díaz-Granados con motivo de los 50 años del Premio Nobel otorgado al poeta Pablo Neruda. 

Coincide, que este año también se cumplen 50 años del poema “ALBA” de José Luis Díaz Granados que dio vida a la canción “Alba” que habla sobre una historia de amor prohibido. Esta canción fue inmortalizada por el Dúo Iván y Lucía hace 40 años. Entonces felicitamos a este gran escritor por esta hermosa canción que les comparto en su versión original y por este excelente escrito sobre Pablo Neruda. !Enhorabuena José Luis!!

José Luis Díaz-Granados

 

NERUDA: 50 AÑOS DEL PREMIO NÓBEL

 Por JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS

El 21 de octubre de 1971, hace exactamente 50 años, el poeta chileno Pablo Neruda fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. El vocero de la Academia Sueca anunció en las horas del mediodía que el galardón le había sido concedido “por ser autor de una poesía que, con la acción de una fuerza elemental, da vida al destino y a los sueños de un continente”.

Desde 1945, cuando la también chilena Gabriela Mistral obtuvo el Nobel (siendo, no solamente la primera mujer latinoamericana, sino el primer escritor de este continente en recibir tan preciado honor), su espontánea declaración inicial fue la siguiente:

“Este premio se lo merecía Pablo Neruda, porque es el más grande poeta de mi patria”. En ese entonces, el autor de los Veinte poemas de amor apenas tenía tan sólo 40 años de edad.

Neruda fue candidato al Nobel durante largos años. Era desde sus años juveniles un poeta desbordante de mágicas verbalidades y rotundos hechizos sonoros. No en vano, el más importante crítico literario de habla inglesa, Harold Bloom, había manifestado: “Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él”.

Así como tuvo amigos que lo admiraron y adoraron como Pablo Picasso, Rafael Alberti, García Lorca, Miguel Hernández, Paul Eluard, Elsa Triolet, Louis Aragón, Yannis Ritsos, Mikis Theodorakis, Ilya Eremburg, Jorge Zalamea y Gabriel García Márquez, Neruda tuvo enemigos energúmenos como Juan Ramón Jiménez, Vicente Huidobro, Octavio Paz, Juan Larrea (a quien llamó “Juan Tarrea” en una de sus célebres Odas), Pablo de Rokha y Laureano Gómez. Este último, escribió diatribas fragorosas cuando el chileno hizo su primera visita a Colombia en 1943, invitado por el presidente Alfonso López Pumarejo.

En los años 50 y 60 se daba por seguro el galardón para Neruda. Pero hubo un escollo tremendo en ese tiempo de “Guerra fría”: su filiación política. Desde 1936 se había alineado con las fuerzas que en España apoyaban la República, junto a los socialistas y comunistas, y había combatido ferozmente con toda su grandeza verbal a las fuerzas reaccionarias del fascismo, sobre todo, después de que los franquistas asesinaran a Federico García Lorca, el más grande poeta de España en su tiempo, crimen que Neruda jamás perdonó.

En 1939 aprovechó su cargo de cónsul para los refugiados españoles que el presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerda, le había otorgado, para embarcar en el buque “Winnipeg” a más de dos mil españoles con sus familias y niños pequeños, los cuales salvaron sus vidas cuando llegaron a la nación austral.

En esos años, Neruda desplegó una permanente propaganda política, en prosa y en verso, en contra del fascismo reinante en Europa y a favor de los valerosos soldados del Ejército Rojo de la URSS, que en la batalla de Stalingrado habían infligido la primera gran derrota a los alucinados ejércitos de Hitler. Sus cantos a esta ciudad heroica están grabados en la memoria de varias generaciones en el mundo entero. En 1942, siendo cónsul general en México, Neruda fue víctima de un atentado por parte de simpatizantes del nazismo que le fracturaron el cráneo en un parque de Cuernavaca.

Cuando regresó a Chile ingresó al Partido Comunista de su país el 8 de julio de 1945, junto con el eminente científico Alejandro Lipschutz, el director de la Orquesta Sinfónica de Santiago, Armando Carvajal, la cantante Blanca Hauser, el poeta Juvencio Valle, la poeta Olga Acevedo, el escritor Nicomedes Guzmán, el director de teatro Pedro de la Barra y la profesora María Marchanten acto de amplia participación popular llevado a cabo en el Teatro Caupolicán de Santiago.

Los enemigos públicos y solapados del gran poeta no reparaban en las más bajas acciones, así como también en gastos exóticos para evitar que lo premiaran, como fue el caso de un tal Ricardo Paseyro, montevideano (yerno del también uruguayo Jules Supervielle, un poeta que trabajaba para la Policía francesa), que escribía poemas y artículos contra Neruda repletos de odio y desesperado macartismo, quien se costeó de su propio bolsillo un viaje hasta Estocolmo, con el fin de convencer a los académicos suecos de que el autor del Canto general, no merecía el Nobel, porque sólo era “un poeta plagiario”. “un impostor” y “un agente de Stalin que había participado en el asesinato de León Trotsky”.

Años después, en su Memorial de Isla Negra, Neruda se refirió al fétido episodio:

Y en ese trance el crítico vetusto / implantó contra mí la guillotina, / pero no fue bastante ni fue poco / y como si yo fuera una república / de repentina ráfaga insurgente, / tocaron el clarín contra mi pecho / y acudieron minúsculos gusanos / al orinal en que se debatía / en su propio pipí Pipipaseyro…

Por fortuna, Pablo Neruda era un pez de las profundidades, un extraño cetáceo, un monstruo de la poesía del siglo XX, como lo definió el colosal poeta gaditano Rafael Alberti. Neruda llegó a la casa de la poesía, echó la puerta abajo y le torció el cuello al cisne del formalismo reinante, artificioso y atosigante, desde que en plena adolescencia emergió con un libro singular, Crepusculario (1923), al cual siguió el muy célebre Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), sorprendiendo los sentidos de los lectores con ritmos inusuales, metros inesperados y fantasmas sorpresivos en su fresca dicción.

            En sus casi 70 años de residencia en la tierra, Neruda escribió 45 libros originales, de cuyos contenidos han brotado innumerables apartados bibliográficos, de donde a su vez se han desprendido centenares de cuadernos, plaquettes y hojas volantes tanto en lengua española como en los restantes idiomas del planeta.

            Las gentes sencillas de Nuestra América han repetido versos de sus Veinte poemas de amor durante varias generaciones, como también lo han hecho con las Rimas de Bécquer o el Romancero gitano de García Lorca. Los lectores y críticos más exigentes se sorprenden a cada nueva lectura con la portentosa alucinación verbal de Residencia en la tierra, como ocurre con la sumersión en La tierra baldía de Eliot o en el Anábasis de Saint-John Perse.

            Y todos aman, recitan y cantan las estrofas de amor otoñal de Los versos del capitán y los Cien sonetos de amor, la alegría de vivir en las Odas elementales, Estravagario y La barcarola, como también amamos y cantamos los más hermosos poemas de Pavese, Kavafis, Pessoa, Eluard, Aragon, Machado, Benedetti o Luis García Montero.

            En tiempos de guerra, y también en los de paz, los corazones combatientes se estremecen con la poesía de “amor armado” de Tercera residencia, Canto general, Canción de gesta (el primer libro poético escrito en el mundo en homenaje a la Revolución Cubana) o de la Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena. No hay que olvidar que cuando el guerrillero heroico Ernesto Che Guevara, cayó en combate en las montañas de Bolivia, guardaba devotamente en su mochila un ejemplar del Canto general.  

            Tal vez ningún poeta en ningún tiempo, idioma o geografía, ha recibido una apoteosis de fervor semejante a las adhesiones sentimentales, literarias y políticas, que recibió Neruda en su preciosa y controversial existencia, quien seguramente nos estará haciendo un guiño de picardía desde la transparencia a donde saltó como un nadador del cielo el 23 de septiembre de 1973.

La resonancia de este homenaje universal por los 50 años de su Premio Nobel de Literatura lo alcanzará hasta allá, hasta “la otra orilla del mar que no tiene otra orilla…”. 

 

Pablo Neruda y Matilde Urrutia

           

 

 

 

REVISTA BAQUIANA VOL. XXII RESEÑA LIBRO “AIRES DE TORMENTA” 2021

Agradecida con la escritora Maricel Mayor MarsánDirectora del Consejo de Redacción de la prestigiosa Revista Baquiana de Miami, por haber reseñado mi poemario “Aires de Tormenta” en su volumen XXII del año 2021. Esta revista incluye poesía, narrativa, cuento, teatro, ensayo, entrevistas y opiniones entre otros.

Los invito a leer el contenido excelente que nos comparten en el siguiente enlace.

BAQUIANA.COM

LIBRO HOMENAJE A MARCO ANTONIO CORCUERA EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

Hoy recibí el libro “Homenaje a Marco Antonio Corcuera” desde Panamá con una carta firmada por el Embajador Jorge Raffo Carbajal a quien agradezco sobremanera el envío y su mensaje, así como al Padre César Corcuera quien hizo las gestiones para que lo recibiera. Desde Perú, a través de Panamá llega esta joya de libro.

El libro homenaje que presentan nos dice que: contiene en gran parte, las disertaciones más directamente relacionadas con la obra poética de Corcuera. Fueron presentadas durante la celebración de centenario del natalicio en el Primer Congreso Internacional Marco Antonio Corcuera, evento que se llevó a cabo en las ciudades de Trujillo, Cajamarca y Lima durante los días 18-24 de noviembre de 2017. Esto se llevó a cabo en coordinación con la Asociación Educativa y Cultural Ventana Abierta, la Facultad de Humanidades de la Universidad de Pirura y la Fundación Marco Antonio Corcuera. 

 

Un honor inmenso que incluyeran mi ponencia: “Dos mundos: dos visiones, El mar y la montaña: lo ajeno y lo íntimo, aproximaciones a la poesía de Francisco Matos Paoli y Marco Antonio Corcuera”.

Mi agradecimiento a Eliana Vázquez Colichón y a la Familia Corcuera por haberme invitado. Enhorabuena a todos por este gran logro y a los escritores incluidos en este libro histórico para el Perú.

 

Recorrido por el Primer Congreso Internacional Marco Antonio Corcuera en su Centenario, Perú 2017

 

 

100 POETAS EN MAYO VIII Festival Internacional de poesía Vitoria-Gasteiz . Álava 2020

Portada Antología Poetas en Mayo 2020

 

Tuve el honor de ser invitada a participar del VIII Festival Internacional de Poesías Poetas en Mayo por la escritora Elisa Rueda. Tuvimos la dicha de compartir en el EIDE Marruecos en el año 2018. Ella es la Creadora y Directora del Festival.

https://es.wikipedia.org/wiki/Elisa_Rueda

 

Elisa Rueda en Marruecos

Las palabras de Elisa Rueda en la contraportada de la Antología del Festival refleja su don de gentes y su dedicación. Un festival celebrado en tiempos de Pandemia.

 

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Elisa Rueda- Foto cortesía del Festival Poetas de Mayo

 

Mayo nace y nos inunda con su líquido amniótico. Una marea de palabras comienza a cubrir nuestros paisajes cotidianos con rimas impalpables que se reflejan en Páginas de Cristal.

Llega la poesía, la otra voz que se planta en el centro de los sentidos, la voz que sanea las grietas que el silencio ha gestado en el útero del confinamiento.

Poetas en Mayo/Poetak Maiatzean nos abraza con textura de beso, nos hace palpitar con su canto a la vida, abraza todas las realidades, explora la diversidad, llega a Vitoria-Gasteiz y a los pueblos de Álava envuelta en los trinos de los pájaros.

Abramos nuestras ventanas a los versos y respiremos la flor dorada de pétalos de luna, llena de esperanza, que trae la poesía.
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Foto cortesía de Festival Poetas de Mayo

 

En el Festival se organizan seminarios, recitales, conciertos, muestras de poesía visual, lecturas populares. Participan poetas nacionales e internacionales, talleres relacionados con la poesía, cantautores y cantautoras, grupos musicales, visita a escuelas y universidad para difundir la poesía por toda la ciudad.

 

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Foto cortesía del Festival Poetas en Mayo
Mi inmenso agradecimiento a Elisa Rueda y a la Coordinadora del Festival la escritora Arantza Guinea  por la invitación  y la inclusión en la Antología Poética Poetas en Mayo 2020.

Una excelente reflexión del escritor colombiano William Ospina sobre lo que nos aqueja en todo el Planeta

 

EN VALLEDUPAR, ESCRITOR WILLIAM OSPINA PRESENTÓ SU NOVELA “GUAYACANAL”

WILLIAM OSPINA

http://www.lecturalia.com/autor/561/william-ospina

Parecen cosas que solo ocurren en los cuentos. Tener que quedarse forzosamente en casa, volver a alternar con los hijos, trabajar a distancia, consumir apenas lo indispensable, tratar de tener reservas de las cosas más básicas, querer respirar aire puro, esquivar las aglomeraciones, temer los contactos. Que de pronto se cierren las escuelas, se clausure el comercio, se cancelen los espectáculos, se paralicen las fábricas. Que de un momento a otro las economías se hundan, las monedas colapsen, los transportes se interrumpan, ¿Qué nos dice la Tierra con todo esto?
Cuando se presentó la última gran pandemia, la de la gripe española de 1918, no se le experimentó de la misma manera. Era un hecho planetario, pero había que vivirla como un hecho local en todas partes. Ahora, por primera vez, sentimos que nos está ocurriendo lo mismo en el planeta entero. Esta sociedad ultra informada y ultra globalizada nos está brindando esa experiencia nueva de compartir la curiosidad, el miedo y la fragilidad de toda la humanidad, nos está haciendo comportar como especie.
Es extraño sentir por primera vez (porque antes fue distinto, y lo vivieron otros) que el tejido de la civilización se conmueve y parece vacilar. Casi nos alcanza el recuerdo de esos viejos oráculos que descifraban señales en el vuelo de las aves, mensajes en los hechos de la naturaleza y en las tragedias de la historia. Ya nada parece azaroso, ni siquiera las formas de las nubes, y al fin se nos revela cuán conectados estamos, de qué manera asombrosa está entretejido este mundo. Entonces cada uno de nosotros se pregunta cuál es el mensaje.
¿Que somos muchos ya? ¿Que devorar animales es dañino? ¿Que la mayor parte de los afanes del mundo son vanos? ¿Que la lentitud y la soledad son preferibles? ¿Que las ciudades, más allá de ciertos límites civilizados, son un error y una trampa? ¿Que el modelo económico en que vivimos no solo es desigual e injusto, sino absurdo y asombrosamente frágil? ¿Que las corporaciones pueden derrumbarse con la misma facilidad que los seres humanos? ¿Que lo que llamamos el poder es una brizna de hierba al viento de la historia? ¿Que así como Ricardo al final estaba dispuesto a cambiar su reino por un caballo, hay un momento en que cambiaríamos todas nuestras riquezas por un poco de aire puro en los pulmones, por un sorbo de agua en la garganta?
Todo viene a recordarnos que podemos vivir sin aviones, pero no sin oxígeno. Que los que más trabajan por la vida y por el mundo no son los gobiernos, sino los árboles. Que la felicidad es la salud, como quería Schopenhauer. Que, como dijo un latino, la religión no es arrodillarse, rezar y suplicar, sino mirarlo todo con un alma tranquila. Que si los humanos trabajamos día y noche por enrarecer la vida, por intoxicar el aire, por arrinconar al resto de los vivientes, por alterar los ritmos de la naturaleza, por destruir su equilibrio, el mundo tiene un saber más antiguo, un sistema de climas que se complementan, de vientos que arrasan, de catástrofes compensatorias, de silencios forzosos, de quietudes obligatorias, ejércitos invisibles que trazan líneas rojas, neutralizan los daños, controlan los excesos, imponen la moderación y equilibran la tierra.
Después de siglos de atesorar nuestro conocimiento, de valorar nuestro talento, de venerar nuestra audacia, de adorar nuestra fuerza, llega la hora en que también nos toca ponderar nuestra fragilidad, estimar nuestro asombro, respetar nuestro miedo.
También hay algo poético en el miedo: nos enseña los límites de la fuerza, el alcance de la audacia, el valor verdadero de nuestros méritos. Como el mar, sabe decirnos dónde hay algo que nos supera. Como la gravedad, nos muestra qué poderes están sobre nosotros. Como la muerte y como el cuerpo mismo, nos dice qué mandatos no podemos violar, qué no está permitido, qué frontera es sagrada. Y no lo hace con admoniciones ni discursos ni amenazas, sino con un lenguaje sin palabras, eficiente y sutil como un oráculo, que obra “sin lástima y sin ira”, como dijo un poeta, y que es luminoso e inflexible, como una llama.
Pero si el miedo es una reacción ante las amenazas del mundo, la angustia es una reacción ante las amenazas de la mente y de la imaginación. Hace evidente el misterio del mundo, aviva la memoria y sus fantasmas, revela la eficacia de lo invisible, el poder de lo desconocido.
Dicen que lo que no nos destruye nos hace más fuertes. Esa inminencia del desastre pone también un toque de magia aciaga en lo que parecía controlado, un sabor de alucinación en los días, suelta una ráfaga de locura sobre todo lo establecido, un destello de Dios en la prosa del mundo.
Y sentimos que hay algo que aprender de estas alarmas y peligros. Si todo lo más firme se conmociona, nos enseñan que todo puede cambiar, y no necesariamente para mal. Que si la tormenta lo estremece todo, nosotros también podemos ser la tormenta. Y que en el corazón de las tormentas también puede haber, como decía Chesterton, no una furia, sino un sentimiento y una idea.
En esa pausa de paciencia y de miedo ganan nuevo sentido las meditaciones de Hamlet y los delirios de don Quijote, los consejos de Cristo y las preguntas de Sócrates, los sueños de Scheherezada y la embriaguez de Omar Kayam. Si hay un mundo cansado y enfermo que cruje y se derrumba, tiene que haber un mundo nuevo que se gesta y que nos desafía.
Queremos de pronto decir como Barba Jacob: “¡Dadme vino y llenemos de gritos las montañas!”. Queremos decir, como Nietzsche: “Y que todos los días en que no hayamos danzado por lo menos una vez se pierdan para nosotros, y que nos parezca falsa toda verdad que no traiga consigo cuando menos una alegría”.