Agradecida con el escritor Harold Alva Viale del Perú donde hoy, 2 de noviembre de 2025, ha publicado en su columna: A TIEMPO COMPLETO en el Diario Expreso, una opinión sobre mi libro “Aires de Tormenta”. Esta noticia ha sido una sorpresa que me honra y les comparto. Gracias Harold Alva Viale por tus palabras que atesoro.
Un poeta cuando organiza un libro reconstruye el mapa de sus emociones, regresa a los lugares donde lo perturbó el amor o los paisajes que fueron edificando su bitácora de vida, su intrahistoria; aquellos aires de tormenta que anuncian no solo el temporal, sino los vestigios, lo que sobrevive, lo que deja. La poesía sacude la mano como quien manipula un timón, una brújula que lo retorna a esos espacios. “A todos los seres que me pueblan y hacen de mí alguien con quien puedo convivir”, escribe María Juliana Villafañe, la poeta de Puerto Rico, en la dedicatoria de “Aires de tormenta”, su más reciente libro, y lo expresa como quien advierte que descubriremos a todas las mujeres que son ella, a todas las personas que la habitan y que hacen posible configurar su yo poético. María Juliana Villafañe es poeta, narradora, guionista, traductora y compositora de música popular, ha sido galardonada en varios certámenes literarios y es autora de una obra que la constituye como una de las voces contemporáneas que debemos conocer si pretendemos entender el proceso de la literatura en español. Como a su país, podemos leer estos poemas como un archipiélago de registros en los que se impone la memoria, “ese olor de nostalgia” que nos afirma que “el tiempo se detiene” cuando “clama el amor”, o cuando este acecha nuestras vidas. “Cómo explicar/ que a mis años/ no sé qué hacer/ con tanta juventud”, escribe como una derrota al tiempo, porque qué sino una espada para vencer al tiempo es el lenguaje, qué si no la magia de un contrasentido es el poema cuando se coloca “detrás del sueño”. Por eso divide en tres puertas su bitácora: vendaval, tempestades y ráfagas, tres tiempos en los que intensifica la acción, tres tiempos en los que nos devuelve los mapas y, en ellos, su atención al Perú, país con el que sostiene uno de sus más contundentes diálogos. “El pasado/ como una sombra/ me acecha”, exclama. “El futuro/ me reconquista”, finaliza. Y termina bien. Nos entrega la toma de su tormenta con la precisión de un discurso en cuyos campos se pone de pie un tren, un barco, o un andén para continuar el viaje, aunque no pertenezca al cielo, al agua o a la tierra. Lo suyo es la memoria y la memoria es el lenguaje.
Hace unos meses durante el Festival Wine & Poetry de la Casa Bukowski en Chile, le obsequié mi libro Aires de Tormenta a la escritora Martha Grondona de Salta, Argentina. Pasaron unos días y me envió una nota con unas palabras sentidas sobre el libro. Luego supe que estaríamos juntas en el XVI Encuentro Internacional de Escritoras (EIDE) en Manta, Ecuador y le pedí me acompañara con unas palabras sobre el libro para presentarlo en ese país.
Martha Grondona y María Juliana Villafañe
Su respuesta no se hizo esperar. Palabras que aún resuenan en mi corazón porque ella me conoce hace más de dos décadas y le agradezco inmensamente su visión sobre mi trabajo poético.
Martha Grondona
LES COMPARTO LAS HOJAS CON SU PRESENTACIÓN
MARTHA GRONDONA
Presentación del poemario AIRES DE TORMENTA
Considero una distinción muy importante para mí, que la prestigiosa poeta María Juliana Villafañe me haya solicitado presentar su hermoso libro, AIRES DE TORMENTA.
Poemario bilingüe de la multifacética poeta puertorriqueña María Juliana Villafañe, traducido al inglés por la autora con la fluidez de quien lo maneja como a su lengua materna.
Con gran placer voy a referirme a esta poesía de alta literariedad, escrita en verso libre, desdeñando , según la poeta uruguaya Delmira Agustini, al tirano empurpurado.
Con un muy buen prólogo de Gloria Hernández, la poeta abre AIRES DE TORMENTA con Vendaval, continúa con Tempestades y cierra con Ráfagas; todo el contexto del libro posee gran unidad, fruto de su talentosa lucidez; se desgrana en un “vendaval” de poemas, dando rienda suelta a sus fantasmas; sin metáforas herméticas ni palabras estridentes, con la sencillez de lo sustancial.
AIRES DE TORMENTA se sostiene, en mi parecer, sobre tres pilares esenciales: el amor, el cuerpo y el tiempo. El amor a los prójimos, a sí misma, al varón amado, la fusión en el amor; el amor filial, el amor sororal y el amoroso respeto a la naturaleza donde, dice Arturo Dávalos, poeta salteño, se esconde Dios.
Voy a leer un fragmento del poema SAGRADO SILENCIO, que inicia Vendaval, donde la autora deja traslucir, en una vivencia personal y recóndita que abarca el amor, el cuerpo y el tiempo, todo su ser excepcional que no se deja atrapar por la realidad ni los calendarios sino que en un vuelo cósmico es capaz de alcanzar los más altos umbrales.
En la soledad de mi alcoba
casi al despuntar la mañana
invadida por el insomnio
me fui a caminar
los senderos de Machu Pichu.
………..
Se apoderó de mi cuerpo
un olor a piel / reconocida
un temblor convulso
grito ancestral
mientras las aguas del cielo
se derramaban e interrumpían
el sagrado silencio.
Son estrofas del primer poema de AIRES DE TORMENTA; palabras textuales de la poeta.
Digo con César Vallejo: ¡Oh, escándalo de miel de los crepúsculos!
Respecto al cuerpo, el de los otros y el propio, cuerpo de mujer amable y atractiva, cautivo de dolor físico y emocional al que no está dispuesta a rendirse, sino a enfrentar en lucha constante hasta alcanzar la victoria.
La poeta se considera una Juana de Arco SXXI; María Juliana Villafañe puede ser también una actualización de Juana de Asbaje, por su valentía para poner a la vista de todos tanta vida, sus sentimientos más hondos, el sufrimiento, tantas vivencias arrancadas desde lo más profundo, experiencias astrales y extracorpóreas; ha vivenciado lo que Walt Witman expresa como un deseo: ¡Ojalá pudiese contemplar… mi propia crucifixión y mi corona de espinas!
Dice María Juliana “surco los aires…ser sin raíces…que vuela, vuela, vuela…”, aunque “los ojos de la muerte me han mirado” y “desbordo en lágrimas…por el cuerpo que hoy me declara una vez más la guerra…por esta batalla que venceré.”
“Deseo tanto sanar”. Hace falta una palabra más para evidenciar la fortaleza, la resiliencia, de la poeta que se autodefine y con enorme coraje confiesa “nunca he sido mujer de miedos”, lo que es indudable.
En cuanto al tiempo, ese invisible e impiadoso perseguidor; va calculando lo vivido y lo que aún falta. María Juliana Villafañe, poeta de fuste, “camina sin mirar atrás”, dispuesta a vivir intensamente “el amor que se cuela por los intersticios de la vida”. Son palabras de la autora.
Indudablemente nuestra poeta es una mujer muy corajuda, como ella misma lo dice “no pertenezco al cielo al agua o a la tierra”. Sabe volar los espacios siderales como lo haría una bella luciérnaga porque es un ser de luz.
Vendaval es poesía íntima, muestra en carne viva el desamparo; el desamor, las pérdidas, la soledad, su cuerpo doliente.
La fina sensibilidad de María Juliana Villafañe no soslaya la mirada del otro, escucha las voces mudas; en Tempestades, “aprendí a sobrevivir en la jungla de la vida /no/ en ese paraíso terrenal”. Compara la civilización con los cocodrilos; lloran mientras devoran a su presa. En el poema Lluvia noto similitud con el poeta salteño Olver Martínez Borelli, muy directo; aquí, en AIRES DE TORMENTA, interpreto la metáfora. Observo una mirada ecológica, en Tempestades, saldrán “a reclamar su territorio” los animales, la lluvia y el mar. Nos dice María Juliana.
El vendaval y las tempestades templaron su carácter aguerrido e indómito, de mujer luchadora que nunca se dio por vencida ante las vicisitudes que la vida le presentó. María Juliana es la mujer fuerte, la que siempre tiene el candil encendido.
Advierto en Ráfagas el sentir de la vida, de un pasado que fue, que acecha y una fortísima fe en el futuro que deslíe recuerdos y está dispuesta al cambio. “Hay tanta vida por vivir “.
Leo un fragmento de RECONQUISTA
El pasado
como una sombra
me acecha
sueño fantasmal
desmorona el recuerdo
…….diluyendo el dolor
El futuro me reconquista.
Con éste poema María Juliana Villafañe cierra, magistralmente, el poemario.
AIRES DE TORMENTA, entra en lo sublime, como afirma E. Burke, descontando el lucro y lo bello, aunque en éste poemario la belleza suma, haciendo hincapié en el drama del vivir, porque es lo que nos golpea y transforma.
Ningún lector será imperturbable ante la poesía potente y delicada de María Juliana Villafañe.
Agradecida con el escritor puertorriqueño Elidio La Torre Lagares por esta reseña de mi libro “Aires de Tormenta“, publicada en la Revista Nagari en agosto 2022.
Foto tomada por el poeta y fotógrafo puertorriqueño Ángel Matos.
EN EL PÁRPADO DE LA TORMENTA: sobre un poemario de María Juliana Villafañe. Elidio La Torre Lagares
Si el tiempo es la medida del cuerpo, la nostalgia es la enfermedad del alma. En cualquier caso, nos confirma como seres de tiempo, porque el tiempo es lo que pasa y marca el paso. Su fuga nos delega la añoranza de lo que se tuvo alguna vez y cuya presencia persevera en la memoria, pero que ya no es. «El tiempo se detiene/ clama el amor/ acecha mi vida/ como la calma/ que precede la tormenta», proclama la voz que une el más reciente poemario de María Juliana Villafañe, Aires de tormenta, publicado en edición bilingüe con el título de Storm Winds, bajo el sello de Editorial Literarte (Bilbao, 2022). La nostalgia corre en marcha opuesta a nuestro paso por la experiencia, por lo que su antídoto lógico es la detención del tiempo.
Es la nostalgia un olor en el poema. Invisible, pero perceptible. Por tanto, en reafirmación de su existencia.
María Juliana Villafañe es una poeta con una trayectoria poética en flujo constante. Ha destacado como compositora de canciones, traductora y escritora galardonada internacionalmente. Dimensionada en diversos haberes, María Juliana tiene una propensión a evitar el materialismo contemplativo, que cancela la percepción sensorial como actividad de nuestra naturaleza. Es decir, a María Juliana le afana la búsqueda de las formas abstractas por medio de la experiencia (extra)sensorial.
Teme a las abstracciones, prescribió Ezra Pound en la poética que dictó el curso de mucha de la poesía del siglo XX y donde lo abstracto -idea, concepto o generalización- se disocia del plano concreto. Wallace Stevens, en cambio, favorecía lo abstracto, porque, según él, es el territorio de la poesía. En lo abstracto -amor, poesía, deseo- somos verdaderamente libres -otra abstracción-. Como en el poema «Verdadera libertad», donde la libertad es la paz. En fin, son estas cosas las que nos mueven por la vida y no tienen dimensión física.
El cuerpo -lo material- es la jaula: «Observo el camino/atrapada en el cuerpo», dice la poeta en «Atrapada». Lo material es lo que se deja atrás. Lo vamos suplantando con iteraciones de la memoria, de lo abstracto, de lo que ya no es y, de algún modo, sigue siendo. Las pérdidas se guardan como luciérnagas en un tarro de cristal para iluminar el camino.
Por medio de la ilación concatenada, María Juliana surca por los poemas entre estos semas primordiales: tiempo y materia (el cuerpo) entre los cuales ocurren los poemas de Aires de tormenta, cuyas palabras preliminares quedan a cargo de la escritora Gloria Hernández.
«Nunca he sido una mujer de miedos», inicia el poema «Perdida», y no hay razón para sentirlo, excepto que «hoy/un frío que no debo sentir/ en este clima tropical/ sopla vientos tenebrosos». La tormenta y sus aires se aproxima. Y no es miedo lo que siente, sino la idea de lo tormentoso como iteración de lo trágico. Lo tormentoso nunca es un vaticinio de lo venidero, sino un residuo de lo que ha sido.
El poema trata de componer con palabras (que nunca son lo que son) la experiencia final de la materia física, que es la muerte de la cual, por algún designio que la ciencia no alcanza, ha regresado. «[M]e pueblan vestigios/ de ese lugar al que llegué/ lugar desconocido/ fuera del cuerpo» dice la voz en el poema, que observa su propio cuerpo con si fuera el de otra persona, y termina siendo ambas. En «Un sábado más», la voz transita en ese afán de pactar coexistencia con la mujer que fue.
Montaigne decía que la muerte era la meta de nuestra carrera. Si se experimenta ese momento y se devuelve uno a la vida, ¿qué nos queda? El poema se enfrenta a esta gran encrucijada que queda entre los que hemos tenido experiencias similares. El silencio del que provenimos -como decía Epicuro- es tan ensordecedor como el silencio hacia el que vamos.
Conocer la muerte antes de lo debido provoca una inmensa soledad que agobia, como en el poema «Dardos», donde la proximidad del deterioro del cuerpo lleva a la voz a ponderar sobre su destino inefable. O como en «Espíritu errante», donde el hecho de conocer el destino final de la vida deja la noción de andar como errabundo espiritual, y «me alejo de todo y de todos» en búsqueda de la sanación.
A veces las pérdidas se sienten por mera empatía con el sufrimiento de otro ser humano, pero en Aires de tormenta tienen la forma de la compasión. La empatía y, por ende, el amor, son los caminos a poder sentir el sufrimiento ajeno, o ser compasivo, que es un estado de la existencia al cual se aspira, y que en el conjunto de poemas que nos presenta María Juliana Villafañe habitan en las vulnerabilidades de la maternidad trunca, la orfandad del alma, la entrega de los afectos y, sobre todo, la esperanza.
La esperanza es un dios de mil rostros.
La esperanza en el amor para volver a amar. La esperanza de encontrarse y unir los pedazos de existencia que hacen a uno. Esperanza de hacerse uno en la totalidad incontenible del universo. «¿Cómo no renovar la esperanza?», se cuestiona la voz en «Horas muertas». Esperanza en que de pronto el mundo cobre sentido de unicidad, como en el poema «Universalidades», con el que inicia el segundo movimiento del libro, titulado «Tempestades», donde el amor es sentimiento, sí, pero también es silencio, extrañeza y entrega. El amor es morir en el otro para seguir viviendo.
Pero vivir no queda exento de los horrores. Los poemas suscitados por desastres naturales –el huracán María, los tornados- y desastres del acto inhumano -Ayotzinapa- propician que la voz que une este poemario se fije en los poemas que regala la vida: una tortuga resiliente, un tucán que se alimenta de lagartos -los «hijos de otras aves», Lima y el río Negro en Brasil. El tránsito se dirige hacia la última sección, titulada «Ráfagas», donde la brevedad de los versos se ampara en la reivindicación de los temas anteriormente expuestos en las dos secciones previas, y que imprimen un aire de sabiduría desde la cual se suplanta la necesidad de registros narrativos o expositivos. Es decir, se dice lo menos con más.
Aires de tormenta, de María Juliana Villafañe, es un libro donde el pasado -lo que ya fue- solo puede ser reconquistado desde el futuro, que es lo posible. En la contigencia. En el párpado de la tormenta.
Elidio La Torre Lagares es poeta, ensayista y narrador. Ha publicado un libro de cuentos, Septiembre (Editorial Cultural, 2000), premiada por el Pen Club de Puerto Rico como uno de los mejores libros de ese año, y dos novelas también premiadas por la misma organización: Historia de un dios pequeño (Plaza Mayor, 2001) y Gracia (Oveja Negra, 2004). Además, ha publicado los siguientes poemarios: Embudo: poemas de fin de siglo (1994), Cuerpos sin sombras (Isla Negra Editores, 1998), Cáliz (2004). El éxito de su poesía se consolida con la publicación de Vicios de construcción (2008), libro que ha gozado del favor crítico y comercial.
En el 2007 recibió el galardón Gran Premio Nuevas Letras, otorgado por la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico, y en marzo de 2008 recibió el Primer Premio de Poesía Julia de Burgos, auspiciado por la Fundación Nilita Vientós Gastón, por el libro Ensayo del vuelo.
En la actualidad es profesor de Literatura y Creación Literaria en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Ha colaborado con el periódico El Nuevo Día, La Jornada de México y es columnista de la revista de cultura hispanoamericana Otro Lunes.
El domingo 20 de noviembre tuve el privilegio de presentar mi libro “Aires de Tormenta” en el “Miami Book Fair 2022″ junto a los escritores Jaime Cabrera y Eduardo Herrera Baullosa. Conversamos con la escritora y docente Mercedes Moresco.
Una lluvia torrencial cayó durante todo el día y muchos amigos y familia queridos no pudieron llegar. A pesar de eso tuvimos un día maravilloso en el Edificio #8 y agradecemos a todas las personas que pudieron acompañarnos. Algunos bromeaban con que mis “Aires de Tormenta” me acompañaron.
Mercedes Moresco, Jaime Cabrera, María Juliana Villafañe y Eduardo Herrera BaullosaSusana Illera Martínez, Jaime Cabrera, Eduardo Herrera y Maria Juliana Villafañe
María Juliana Villafañe y Giovanna Rivero
Ilma y Maria Juliana
Enrique Córdoba, Maria Juliana y Eugenio Roca
Claudia Rosenow
María Juliana y José Ignacio (Chascas) Valenzuela
María Juliana y Eugenio Roca
María Juliana y David Unger
Maria Juliana Villafañe y Pablo Brescia
María Juliana y Carlos Pintado
María Juliana y Félix Anesio
María Juliana y Adriana Carvalho
Ilma, Maria Juliana, Gaby y Dagmara
Rolando Llópiz, Maria Juliana y Rafy Alvarado
Carmen Díaz-Corujo, Joel Corujo y Maria Juliana Villafañe
Agradezco a Mariela Gal, Sergio Andricain y a tantos otros que forman parte del grupo organizador por esta invitación.
Sergio, Inés, Mariela, Deyanire y Claudia
Maria Juliana, Claudia y Jaime
Maria Juliana, Mariela y Deyanire
Aires de Tormenta está disponible en Amazon, y en Puerto Rico en Casa Norberto, El Candil, La Tertulia y Librería Laberinto.
Les comparto este poema de mi libro más reciente “Aires de Tormenta / Storm Winds” que parece lo hubiera escrito por los conflictos que aquejan hoy al Planeta. Pido mucho por la paz en Ucrania y el mundo entero.
I am sharing with you this poem from my most recent poetry book, it seems as if I had written it because of the conflicts that are happening today. I pray for peace in Ucraine and the world.
HUMAREDA
Me baño de sangre
no es la mía
el dolor ajeno me cubre
humareda
olor a pólvora
pestilencia desconocida
transpiración
caigo de rodillas
a clamar a un ente
que no es mi dios.
Pido y no sé por qué
miles de cadáveres me rodean
me pierdo
deambulo
todo es muerte
lamento
a dónde se ha ido la brisa del mar
la risa, el canto
el trinar de las aves
todo es oscuridad.
¿Sueño?
SMOLDER
I bathe in blood,
it is not mine
the pain of others covers me,
smolder
smell of gunpowder,
unknown pestilence
perspiration
I fall to my knees,
to cry out to an entity
that is not my god.
I ask and I do not know why,
thousands of corpses surround me,
I get lost,
I wander,
all is death,
lament
where has the sea breeze gone,
the laughter, the singing
the chirping of birds
all is darkness.
Am I dreaming?
Agradecida con la escritora Maricel Mayor Marsán, Directora del Consejo de Redacción de la prestigiosa Revista Baquiana de Miami, por haber reseñado mi poemario “Aires de Tormenta” en su volumen XXII del año 2021. Esta revista incluye poesía, narrativa, cuento, teatro, ensayo, entrevistas y opiniones entre otros.
Los invito a leer el contenido excelente que nos comparten en el siguiente enlace.
A finales del mes de mayo recibí una comunicación del escritor peruano Harold Alva invitándome a participar del VIII FIP Primavera poética 2020. Un festival que ha enfrentado todos los retos de la pandemia convocando a 67 poetas de 17 países, no solo para dialogar con ellos, sino para publicarles un libro digital a cada uno y que todos tengan acceso a su lectura. No hay palabras para agradecer a Harold Alva, a la Municipalidad de Lima, a la Gerencia de Educación y Deportes con su programa Lima Lee por este gran logro.
En noviembre se llevará a cabo el cierre del Festival con todos los poetas participantes.
Aquí Todos los poetas convocados para el Festival de Primavera Poética 2020
Las portadas de todos los libros de los poetas fueron diseñadas por el artista Leo Collas, a quien agradezco la hermosa portada de Dimensiones, una antología de poemas de mis libros publicados.
Portada libro “Dimensiones” por Leo Collas
Harold Alva es un excelente poeta y comunicador peruano. Les comparto una nota de Márcia Batista Ramos en Inmediaciones sobre Harold Alva.